ESTUDIOS MÉXICO-JAPÓN EN EL NUEVO ORDEN MUNDIAL

 

 

La pandemia provocada por COVID 19, junto con la crisis energética derivada del conflicto en Ucrania, ha acelerado la transformación de las cadenas globales de valor, impulsando el nearshoring como una estrategia clave. Esta tendencia ha llevado a muchas empresas multinacionales, incluidas las automotrices japonesas, a relocalizar sus plantas en regiones más cercanas a sus mercados principales u optimizando su administración empresarial, creando así una oportunidad para México. Estados como Guanajuato, que albergan importantes armadoras japonesas como Mazda, Honda y Toyota, están bien posicionados para consolidarse como un centro clave en la manufactura automotriz mundial.

En este contexto, la industria automotriz mexicana, que aporta un 3.6% al PIB del país y en la que la IED japonesa se concentra significativamente, enfrenta retos derivados de reformas legales internas, como la nacionalización del litio en México y las disputas sobre las reglas de origen bajo el T-MEC.

Estos desafíos se suman a la incertidumbre en torno a la política energética y las medidas de descarbonización globales, que afectan directamente la competitividad de la industria automotriz y la sostenibilidad de los modelos de negocio internacionales. En este sentido, el cambio climático y la necesidad de cooperación internacional emergen como temas centrales en la agenda bilateral, especialmente en el marco del AAEMJ.

A estos elementos, se debe sumar otro factor de vital relevancia: las políticas arancelarias y proteccionistas impuestas por EU, especialmente bajo la segunda administración del presidente Donald Trump. Estas medidas unilaterales, justificadas en razones de seguridad nacional y déficit comercial, han alterado las dinámicas del comercio internacional, afectando particularmente a sectores estratégicos como el automotriz, que es crucial para la economía mexicana.

Dichas políticas han generado incertidumbre en las relaciones comerciales y ponen en riesgo las transacciones pactadas en el marco del T-MEC, cuya revisión está programada para 2026. En este contexto, México se enfrenta a una triple vulnerabilidad: por un lado, su fuerte integración económica con EU; por otro, su implicación en los vínculos comerciales con países como Japón; y, por último, su exposición a decisiones unilaterales que alteran las reglas del comercio internacional.

El PROMEJ, a través del proyecto “Intercambio socio-económico y cooperación México-Japón frente al T-MEC en post-COVID 19” (2023-2025), aborda los nuevos desafíos y oportunidades que enfrenta la relación México-Japón en el contexto de un mundo globalizado en transformación.

El estudio se centrará en las alianzas estratégicas de las empresas japonesas, su cooperación con proveedores mexicanos, el impacto de las reformas legales en la relación bilateral, la migración, la cooperación ambiental y el impulso de la innovación tecnológica entre ambas naciones, a través del cual se busca explorar cómo los cambios globales y nacionales están redefiniendo el vínculo México-Japón, impulsando un nuevo orden que trasciende lo meramente económico y se adentra en el ámbito social, político y ambiental.

 

 

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